Miopía política

Artículo publicado en La Vanguardia el día 11 de noviembre de 2015 

 

 

Llega a su fin la X legislatura de la democracia española, la de la mayoría absoluta del PP de Rajoy. Buena parte del balance que se llevará a cabo de estos cuatro años gira alrededor de un aspecto clave: ¿hemos salido de la crisis? Y, más determinante aún, ¿hemos aprovechado estos años para asentar las bases de una sociedad de mayor progreso y de una economía más competitiva? La Ley de la ciencia, la tecnología y la innovación del 2011, aprobada por la casi unanimidad del Congreso y del Senado, manifiesta en su preámbulo que “el modelo productivo español (…) se ha agotado, por la cual cosa es necesario impulsar un cambio a través de la apuesta por la investigación y la innovación como medios para conseguir una economía basada en el conocimiento que permita garantizar un crecimiento más equilibrado, diversificado y sostenible”.

 

En materia educativa, dos grandes hitos: una LOMCE contestada por todos, que no ha sabido afrontar los retos de una nueva educación para los inicios del siglo XXI; y una reducción más que significativa de los presupuestos públicos que nos aleja todavía más de los estándares europeos avanzados. En materia de I+D, estancamiento de la financiación y burocratización del sistema. En el ámbito universitario, años casi estériles cuando no contraproducentes, con la congelación de la reposición de plantillas de profesorado, la hibernación de iniciativas como los campus de excelencia y una puerta prácticamente cerrada a los jóvenes profesores e investigadores. Siguiendo en la cola de Europa en becas y ayudas a los estudiantes y al mismo tiempo incrementando las tasas.

 

Mientras tanto, la tasa de paro juvenil sigue siendo una tragedia sin paliativos y la huida de capital humano no para de crecer. Y, en el ámbito social, España continúa siendo una de las sociedades europeas más desiguales. Lamentablemente continuamos instalados en una política sin ambición y de visión cortoplacista. El ejecutivo de Rajoy nos ofrece ahora un balance en parte triunfalista, centrado en algunos indicadores macroeconómicos. Pero la realidad es tozuda: en materia educativa, universitaria y de I+D los resultados son escasos, cuando no negativos. Miopía política con pobres resultados: este es el balance de la legislatura a la hora de avanzar hacia una sociedad más equitativa e intensiva en conocimiento. 


 

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