Universidades: cooperación para el desarrollo social y económico

Informe CyD 2014 - La contribución de las universidades españolas al desarrollo 

 

Josep M. Vilalta / Nadja Gmelch

Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP)

 

 

Las universidades como actores de cooperación internacional para el desarrollo

Las universidades juegan un papel legítimo, único y relevante en la cooperación internacional para el desarrollo. Después de una época en la que se obvió el papel de la educación superior en el desarrollo social y económico de los países socios, las instituciones de educación superior están obteniendo cada vez más reconocimiento a lo largo de los últimos años como instituciones clave para el desarrollo y la cooperación internacional. Hoy día nadie pone en duda la importancia de la educación superior y de la ciencia y la tecnología a la hora de fomentar el desarrollo sostenible de los países, especialmente los países en vías de desarrollo.

Para fomentar el desarrollo sostenible y mejorar el bienestar social se requiere, entre otros factores, la disponibilidad de profesionales altamente cualificados y la capacidad de la sociedad para innovar y adaptar las tecnologías y los conocimientos a un contexto nacional específico. Las universidades ofrecen habilidades y conocimiento para desarrollar todos los sectores de la sociedad y gestionar el desarrollo de manera efectiva. Concretamente, las universidades contribuyen al desarrollo de sus países por medio de sus cuatro ámbitos principales: la formación y el desarrollo del capital humano; la investigación científica; el desarrollo social y cultural; la innovación y el progreso económico.

En las universidades se forman los profesionales de las distintas áreas económicas, sociales y públicas, así como los futuros líderes políticos y económicos. Un ámbito clave en este sentido que demuestra la importancia de la educación superior es la formación de profesorado para la educación primaria y secundaria. Además, las universidades son espacios para garantizar la libertad de pensamiento y expresión con el fomento del liderazgo intelectual y las habilidades de buena gobernanza. Las universidades son responsables de formar a las personas en valores y actitudes, para que puedan convertirse en la ciudadanía necesaria para construir sociedades civiles activas y responsables, y para mejorar la gobernanza y la democracia de sus países. Solamente unas universidades locales fuertes pueden crear el conocimiento y la experiencia propios del país y contribuir a retener a los mejores talentos.

 

Las universidades son clave para el desarrollo de la investigación científica y tecnológica. Crean las capacidades locales necesarias para generar y adaptar el conocimiento a los retos del desarrollo. Mediante la investigación aplicada, fomentan nuevas perspectivas y enfoques, a la vez que ayudan a diseñar soluciones localmente relevantes para los problemas de desarrollo económico y social.

Finalmente, las universidades tienen el potencial de reforzar los sectores público y privado mediante la transferencia de conocimientos y el fomento de la innovación económica y social. Tanto las universidades como los investigadores que se forman en éstas utilizan su conocimiento para asesorar a los gobiernos locales y nacionales sobre las formas más efectivas de hacer frente a los problemas de desarrollo. Mediante la transferencia de conocimientos se establecen vínculos entre las universidades y el sector privado que facilitan la creación de riqueza a largo plazo a través de la innovación.

 

Las universidades y los Objetivos de Desarrollo del Milenio

Un sistema de educación superior eficiente y efectivo representa un requisito indispensable a la hora de conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) así como un desarrollo social y económico sostenible en cualquier región del mundo. Educación superior e investigación científica pueden contribuir a promover los ODM a diferentes niveles: la implementación eficiente de políticas públicas, estrategias y programas de reducción de la pobreza, (ODM 1), la promoción de un crecimiento económico sostenible (ODM1), la mejora de la calidad de los sistemas educativos (ODM2), la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres (ODM3), la provisión de formación técnica en ámbitos como la agricultura, el agua, las infraestructuras, la protección de recursos naturales o la salud (ODM4–7), o la generación de conocimiento y la participación en la producción global de conocimiento (ODM8).

Sin embargo, observamos que muchas veces los gobiernos priorizan otras áreas que tienen impactos más directos y rápidos aunque el conocimiento sea uno de los motores principales para el crecimiento y el desarrollo. Queda evidente que los países con niveles más elevados de formación se muestran más capaces para responder a diferentes retos así como para utilizar descubrimientos tecnológicos.

 

 

 

Retos actuales de las instituciones de educación superior en los países socios

Para todo ello hace falta reforzar las universidades en los países en vías de desarrollo, aumentando las capacidades de los sistemas de educación superior y de investigación para que puedan responder a estos retos. Se debe actuar con celeridad para que la oportunidad que representan la educación superior y la investigación para el desarrollo de los países socios no se convierta en una amenaza por ser cada día mayor el diferencial de conocimiento (knowledge gap) que separa a los países más avanzados de los países menos desarrollados.

Actualmente, la situación de la educación superior y la investigación en los países en vías de desarrollo es ciertamente precaria y frágil. Se confrontan a un rápido crecimiento en el número de estudiantes que contribuye a situaciones de saturación en las aulas, así como a un capital humano –profesores e investigadores- generalmente con amplias necesidades de formación. Sin embargo, y al pesar de la masificación de la educación superior cabe destacar los grandes desequilibrios que existen todavía respecto al acceso a la educación superior, especialmente en África subsahariana. Esta desigualdad se acentúa aún más si se compara la diferencia en el acceso entre hombres y mujeres. Aunque las matriculaciones en educación terciaria hayan aumentado más rápidamente en esta región que en cualquier otra región del mundo, el número de estudiantes que accede a educación superior sigue representando menos del 10% del grupo de edad elegible.

Otro punto a tener en cuenta para poder mejorar la investigación en los países del Sur es la retención del talento en las instituciones locales. Como bien es sabido, hay una fuerte tendencia a que las personas altamente cualificadas de los países del Sur emigre a sistemas de educación superior e investigación maduros y competitivos en beneficio de su carrera profesional. La fuga de cerebros se muestra como un grave problema para el desarrollo de las universidades del Sur y los países socios en general.

 

La responsabilidad de las universidades en el desarrollo humano global y en la formación de una ciudadanía responsable

Se ha demostrado el papel destacado que tienen las universidades del Sur en la contribución al desarrollo de sus países. No obstante, no sólo en los países socios las universidades tienen un papel fundamental para contribuir al desarrollo humano sostenible. En un mundo globalizado e interconectado, también recae una gran responsabilidad sobre las universidades en los países del Norte, conjuntamente con los ministerios correspondientes de educación superior, investigación e innovación, para garantizar el desarrollo global.

 

Muchas de nuestras actuaciones locales tienen efectos globales, como todo aquello referente al cambio climático, el consumo responsable o los procesos migratorios. Por consiguiente, existe una gran necesidad de educar a la sociedad para que esté informada y actúe de manera consciente, contribuyendo al desarrollo sostenible global. La formación profesional y científica que ofrecen las universidades debe ir acompañada de una educación de la ciudadanía con capacidad de reflexión, que sea capaz de actuar de forma sostenible en un mundo globalizado.

 

Cabe destacar también la responsabilidad de las universidades (y de los gobiernos en sus distintos niveles) de fomentar una investigación que también tenga en cuenta las necesidades de los países socios, es decir, la responsabilidad de aumentar las actividades de investigación en ámbitos relevantes para la gran mayoría de la población mundial.

 

Por último, las universidades constituyen espacios idóneos para llevar a cabo una reflexión crítica sobre el desarrollo que se pretende fomentar. Sobre la base de la autonomía académica, es en las universidades donde puede tener lugar un debate académico e independiente sobre las cuestiones relacionadas con el desarrollo. Teniendo en cuenta la actual crisis económica mundial, este debate y esta reflexión adquieren, si cabe, más importancia para definir qué modelo de desarrollo queremos en el futuro.

 

La contribución de las universidades al desarrollo internacional

Desde hace muchos años, las universidades llevan a cabo actividades diversas que contribuyen al desarrollo internacional: desde proyectos colaborativos de investigación, programas de formación conjuntos, intercambios de estudiantes y profesores hasta actividades de transferencia de conocimiento. La propia definición de las universidades como espacios de generación y transmisión de conocimientos no sabe de fronteras, por lo que se mide en un contexto mundial globalizado.

 

La experiencia de las universidades españolas

El origen de la universidad como actor en cooperación para el desarrollo puede establecerse en la década de 1990, cuando se desarrolló una fuerte movilización social que reclamaba un cambio en la lucha contra la pobreza en muchos países de África, Asia y América Latina. Una de las expresiones de esta concienciación fue reclamar a los gobiernos la aportación del 0,7% del PIB o de sus presupuestos a acciones de cooperación para el desarrollo. En el mundo universitario, esta campaña también se llevó a cabo, y en algunos casos comportó la institucionalización de las actividades de cooperación desde la universidad.

Esta concienciación social que se vivió en los años noventa en relación con la solidaridad con los países del Sur se tradujo en el ámbito de las universidades en la creación de programas y estructuras para promover y gestionar acciones de cooperación para el desarrollo. Estas estructuras se crearon para fomentar la solidaridad en las comunidades universitarias, y amparar e impulsar acciones de cooperación para el desarrollo.

Desde estas primeras reivindicaciones y desde el nacimiento de las universidades como actores con un presupuesto específico para desarrollar proyectos de cooperación, y fruto de muchos años de trabajo en que las universidades se han ido introduciendo en el mundo de la cooperación, ha cambiado la percepción del rol de la universidad, y cada vez es más reconocida en el mundo de la cooperación para el desarrollo. Uno de los resultados más visibles que demuestra el rol de las universidades como actores de cooperación para el desarrollo ha sido el reconocimiento que los diferentes planes directores de la cooperación española y catalana han otorgado al papel de la universidad como agente de desarrollo.

 

Retos a las que se confronta la cooperación universitaria para el desarrollo

Lamentablemente, este reconocimiento nunca se ha visto acompañado de programas sólidos, diseñados para el medio y largo plazo y con recursos adecuados. Desde los gobiernos, tanto estatales como regionales y locales, no se pone a disposición de las universidades instrumentos y recursos financieros suficientes para poder llevar a cabo las actividades de cooperación internacional de las universidades y contribuir de esta forma al desarrollo sostenible global. Las únicas convocatorias que durante una época se implantaron en España, como por ejemplo el Programa de cooperación interuniversitaria e investigación científica (PCI), nunca tuvieron financiación suficiente, operando con duraciones demasiado cortas teniendo en cuenta que la cooperación científica requiere acciones sostenibles de largo plazo. Solamente hubo programas financiados con el escaso dinero de la cooperación al desarrollo sin contar con la participación de otros ministerios como el responsable de la educación superior.

Desde el comienzo de la crisis económica y financiera actual la situación ha empeorado de forma preocupante, de tal forma que actualmente no existen prácticamente instrumentos públicos para dar suporte a actividades de cooperación universitaria para el desarrollo. Tanto la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) como las distintas agencias y organismos de las Comunidades Autónomas trabajan bajo mínimos, con programas de corto plazo y sin prácticamente fondos. 

A estas dificultades se suma que también internamente, en respuesta a la cada vez mayor presión y situación de escasez financiera que sufren las universidades, los fondos propios destinados por las universidades a actividades de cooperación internacional para el desarrollo se están reduciendo dramáticamente.

Observando lo que pasa en otros países europeos en el ámbito de la cooperación internacional de las universidades hay que mencionar que, a pesar de restricciones financieras similares, la tendencia es justamente contraria. La cooperación con universidades de países en vías de desarrollo, especialmente con África, se vuelve cada vez más estratégica. Universidades y gobiernos apuestan por fomentar relaciones estrechas y continuas con universidades en los países socios. Si la situación en España continúa con esta orientación, se corre el riesgo de que las universidades españolas dejen de ser un actor relevante en la cooperación universitaria y científica a escala global.

 

Asumiendo el compromiso global desde las universidades de Cataluña

El conjunto de universidades que forman la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP) están comprometidas desde hace años con la cooperación internacional y con el reforzamiento institucional de las universidades de los países en vías de desarrollo. Universidades fuertes en el territorio generan progreso y bienestar, así como impactos significativos en los cuatro ámbitos que hemos comentado anteriormente: en la formación y el capital humano, en la investigación científica, en el desarrollo social y cultural, y en la innovación y el progreso económico. Probablemente no encontraremos ninguna otra institución con mayores impactos directos e indirectos. En esta línea, y tal y como expresa el Plan de Cooperación Universitaria para el Desarrollo 2011–2015 la ACUP fomenta la cooperación internacional para el desarrollo mediante programas y proyectos conjuntos, con el objetivo de aumentar el impacto y mejorar la coordinación de las actividades de cooperación al desarrollo de las ocho universidades públicas de Cataluña.

Estamos convencidos que para garantizar el futuro de la cooperación universitaria para el desarrollo, ésta debe formar parte de las estrategias de internacionalización así como de responsabilidad social institucional. Las universidades deben ser instituciones abiertas a escala global y para ello deben también cooperar intensamente con universidades, centros de investigación y gobiernos de países en vías de desarrollo, entendiendo que muchos de los retos que se plantea la humanidad lo son a escala global.

Asimismo es necesario mejorar y extender la colaboración con las entidades del tercer sector, sobre todo con las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGDs), creando sinergias y aumentando el impacto de las actividades de desarrollo internacional.

 

Como se ha dicho, algunos de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad requieren visiones conjuntas y compartidas entre países a escala global. En este contexto, las universidades y las instituciones que generan y difunden conocimiento adquieren una importancia estratégica clave. Apostar por la educación y por la investigación y la innovación provoca el desarrollo de sociedades más libres, justas y prósperas. Trabajar para reforzar las universidades en cualquier rincón del planeta es la mejor estrategia de cooperación para un desarrollo sostenible y endógeno.